Gonzalo Oyanedel (Foto por Ana Carolina Alba)

“El Viudo”, “El Ejército de Dios”, “Cigarrillos del Edén”, “Nuke” o “Harou: La joya del sol rojo”, son solo algunas de las obras del comic independiente chileno que llevan la firma de Gonzalo Oyanedel como guionista[1].

El periodista nacido en Viña del Mar, es uno de los autores más prolíficos de la historieta local y de la misma forma se ha destacado en el ensayo, donde ha revisado interesantes fenómenos  de la cultura popular. Así, en pocos días editará su tercer libro centrado en la serie Robotech[2], tras la exitosa publicación de sus primeros textos con la editorial Dogitia: “Máscaras, el héroe épico en los universos narrativos” (2016) y “Marvilas, la mujer en la historieta de aventuras en el siglo XX” (2018).

Es precisamente este último título el motivo principal de esta entrevista realizada con el escritor, con el fin de indagar en su libro y saber cómo logró caracterizar y analizar el protagonismo femenino en la historieta de aventuras.

Una historia muy diversa, que ha sido moldeada por el contexto histórico de cada época, desde la encarnación del esfuerzo femenino de guerra con Rosie the Riveter y el célebre cartel “We Can Do It!”, hasta Lara Croft, que cierra el siglo renovando significativamente los estereotipos femeninos de la ficción, como explica el autor.

-Gonzalo, para comenzar ¿Cuál fue la primera motivación para escribir Marvilas?

Al escribir “¡Máscaras!” llamó mi atención cómo los arquetipos femeninos en la narrativa pasaron de replicar visiones de época muy estrechas y específicas, a diversificarse en el siglo XX, particularmente en la segunda mitad cuando las mujeres hacen sentir su voz con más fuerza. Recibí comentarios muy positivos respecto a los capítulos que dediqué a las mujeres de la ficción narrativa y vi que en realidad merecían explorarse en un ensayo aparte.

-Según tu revisión ¿En qué momento la mujer deja de ser una mera comparsa, doncella en apuros u objeto sexual en las historietas, para tener mayor protagonismo?

Aunque olvidada por el tiempo, ese mérito le corresponde a Sheena, The Jungle Queen. Sus aventuras comienzan a publicarse en 1937 con un giro a los tópicos impuestos por el éxito de Tarzan, donde ella enfrenta cuchillo en mano a esclavistas, traficantes y amenazas varias a los habitantes de la jungla.  No solo deja atrás el cliché de la diosa-trofeo, sino que además rompe los códigos morales de entonces al vivir en concubinato con su novio, algo que insólitamente no llamó la atención.

Sheena logró un título propio en 1942, antecediendo a Wonder Woman, e incluso logró su propia serie televisiva cuando sus títulos se cerraron, siendo indudablemente una pionera en las viñetas de aventuras.

-¿Y qué otros personajes destacan en esta evolución?

Si descontamos el impacto de Dragon Lady -que resume el arquetipo de la tentación oriental peligrosa y seductora- o Sheena, las pioneras enmascaradas de los comic-books se ajustan a patrones específicos: La vigilante enmascarada que desciende en la literatura pulp, la joven acomodada que busca justicia, y posteriormente versiones más patrióticas como la enfermera de guerra, la espía y la aviadora. Algunas como Mis Fury o la latina Señorita Rio (ambas de 1941) logran un auténtico suceso entre los lectores que combatieron en la segunda guerra, por matizar un encanto pin-up.

Sin embargo, quien merece especial atención es Mary Marvel (1942), la niña que puede convertirse en superheroína y a cuya popularidad no le hace sombra el Capitán Marvel, logrando su propia revista. Es quizás el ejemplo más exitoso de su época tras Wonder Woman.

Sheena, Mary Marvel  y Wonder Woman son 3 de las heroínas que en los 40 rompieron el estereotipo de la mujer como personaje secundario

-A propósito de Wonder Woman… ¿A qué se debe su popularidad? ¿Es la heroína más importante de la historia de los cómics?

Indudablemente lo es, al sintetizar con éxito varias ideas que otras justicieras previas abordaban parcialmente gracias a un concepto muy bien trazado por William Moulton Marston, quien busca promover los derechos de las mujeres y las llama a defenderse por sí mismas.

No obstante, suele obviarse el aporte que la tenacidad comercial tuvo en dicho suceso. Cuando Marston crea a Wonder Woman para National (a la sazón DC Comics) se establece que los derechos del personaje volverían a su propiedad si dejaba de publicarse, algo que fanáticos y revisionistas eluden cuando destacan que jamás ha salido de las imprentas, olvidando sus largos períodos de malas historias. Hay que considerar que los superhéroes no solo venden historietas, sino también muñecos, poleras y otros artículos licenciados que benefician a sus compañías.

A eso se añade que su ascendente popularidad como icono femenino es, al menos inicialmente, relativa. Fuentes comerciales del período indican que el 90% de los lectores de la Mujer Maravilla eran masculinos, mientras que las lectoras preferían a Superman y Mary Marvel. La persistencia hizo de ella un modelo a seguir, que por fortuna ha tenido buenas revisiones en manos de George Pérez y otros autores.

Los 60 y el inicio de una nueva etapa

Si en los años cuarenta, principalmente en Estados Unidos, se desarrollaron las primeras figuras femeninas que mostraban un protagonismo a la par de los héroes y villanos masculinos, la siguiente década significó un retroceso.

Un periodo marcado por el conservadurismo y el Comics Code Authority, un código de autocensura que adoptaron las principales editoriales de comics (Marvel, DC y Archie incluidas), que llevó a restringir los contenidos y la creatividad, cimentando el predominio de series “moralmente correctas”.

Pero en los 60 llegaría una revolución sociocultural en todo el planeta, con la juventud tomando parte activa en política, en las demandas sociales y civiles, sumado a un extraordinario desarrollo en las expresiones artísticas, que se extendería hasta los 80. Como era natural, el comic también fue impactado.

-Los años 60 marcaron un fuerte cambio en el mundo y también un nuevo impulso feminista ¿Cómo influyó este proceso en las historietas, tanto independientes como de las editoriales masivas?

Tal como mencionas, la revolución sociocultural inevitablemente empapó las historietas de una renovación urgente e inevitable que además impulsa la nueva generación. La inglesa Modesty Blaise (1963) se adelantó a heroínas en la línea de Friday Foster al figurar una antiheroína consciente de su independencia social, económica y sexual; mientras en Estados Unidos la vanguardista propuesta de Doom Patrol mostraba a Rita Farr como el músculo del grupo.

Con todo, es un proceso gradual y no deja de ser curioso que en la innovadora Marvel, Stan Lee y Jack Kirby insistieran con los modelos femeninos frágiles que desarrollaban en las historietas románticas de la década anterior: Sue Richards o Scarlet Witch preocupadas de salir de compras…

-¿Se puede comparar lo que pasó en el mundo, con respecto a la producción de aventuras realizada en Chile desde esa época?

Es difícil, porque a nuestra lenta progresión en temas socioculturales (que explica desfases como el de nuestra Nueva Ola musical) se añaden factores como una continuidad de la historieta chilena demasiado irregular como para cimentar personajes, y el apagón cultural que trajo la dictadura. Esto hizo que posteriores esfuerzos salgan a disputar el interés del público con otras formas de distracción, tanto o más inmediatas y atractivas.

Mawa, Kouma, Khanda son ejemplos aislados en nuestra edad dorada, mientras que a algunas posteriores como Kiky Bananas y Blondi se les rescata principalmente desde lo contracultural. Puede mencionarse a Helga en “Los Cuatro de la Alborada” o incluso a Rena, pero se trata de secundarias que -aun valorando su aporte- muestran un cuadro final incompleto.

La inglesa Modesty Blaise es una antiheroína consciente de su independencia social, económica y sexual

-Otro aspecto interesante del libro es conocer como artistas femeninas poco a poco se hicieron espacio en los equipos creativos de las historietas ¿Puedes ahondar en ese tema?

Mediante el trabajo de estudiosos como Trina Robbins y Mike Madrid se ha arrojado luz sobre numerosas historietistas que ya marcaban presencia los albores del comic-book, algunas siguiendo el ejemplo de artistas pulp como la portadista Margaret Brundage o la escritora C.L. Moore.

Tarpé Mills es un caso a destacar, logrando reconocimiento en la historieta de aventuras con su Miss Fury y allanando el camino a Ramona Fradon, Marie Severin y otras que asumieron sin complejos la labor gráfica de Aquaman, Hulk, King Kull en años todavía prejuiciosos; eso abre espacio a que lustros después Ann Nocenti, Devin K. Grayson y otras comiencen a proponer perspectivas sólidas en títulos de difícil manejo como Daredevil o Batman.

Tampoco debemos ignorar a las pioneras de este lado, con Eva Martinic escribiendo El Siniestro Doctor Mortis o Lidia Jeria en las páginas chilenas de El Zorro.

-Actualmente nuestra sociedad tiene plena conciencia de la importancia de la igualdad de género ¿Cómo ves el desarrollo de la historieta en este contexto? ¿Coincides que en algunos casos la inclusión de personajes femeninos es muy forzada?

Cuando surgió la idea de una James Bond femenina ante el eventual retiro de Daniel Craig, la actriz Eva Green remarcó que la esencia de tal personaje es necesariamente masculina, sin perjuicio de que las mujeres puedan encarnar diversos tipos de personajes.

La corrección política tropieza cuando el capricho se impone por sobre la intención de aportar nuevas visiones; y así como Kelly Sue DeConnick supo transformar a la opaca Carol Danvers en un pilar obligado de la renovada Marvel, personajes como Martha Washington, Jenny Sparks o Jakita Wagner proponen modelos atractivos que superan ser una mera “respuesta femenina”. Eso sin contar la cantera del cómic independiente con Ms.Tree, Tank Girl, Judge Anderson o las más cotidianas -pero no menos fascinantes- Maggie y Hopie (Love and Rockets), Francine y Katchoo (Strangers in Paradise), Enid y Rebecca (Ghost World), la grafitera Leni (Bitch, 2008) o Corinna Park (Ladronzuela).

La complejidad de los arquetipos femeninos alcanzó tal riqueza que no hay ningún triunfo en reducirlos a versiones de un personaje masculino.


[1] Redes Sociales de Gonzalo Oyanedel: Facebook gxl.oyanedel; Instagram gxl.oyanedel; Twitter gxl_oyanedel; GoodReads Gonzalo_Oyanedel
[2] “Protocultura: Crónicas De La Guerra Robotech” (Dogitia, 2020), escrito junto a Oscar Salas. Disponible en www.chilecomics.cl o en el sitio web de la editorial www.dogitia.cl
[3] Ilustración de portada por la artista colombiana Alejandra Oviedo (Ruttu) instagram.com/ruttu_ruttu

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